martes, 15 de junio de 2010

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NOTAS SOBRE LA REFORMA LABORAL O LA VUELTA DEL FELIPISMO



Podemos distinguir dos tipos de medidas que contiene la reforma laboral que el gobierno está negociando con las fuerzas políticas. Unas van encaminadas a la flexibilización de las condiciones de trabajo, el abaratamiento del despido y la reducción de derechos asistenciales.

A estas se les puede poner nombres y apellidos, cifras, porque al final todas esas medidas se traducen en que del dinero total disponible, la cantidad que manejan los trabajadores se verá reducida y aumentarán la cantidad que manejan los empresarios. A eso se reduce.

Si nos imaginamos dos bolsas, una con el montante total del capital que manejan los trabajadores y otra con el que manejan los empresarios el gobierno ha metido la mano en una para llenar más la otra. Esto, que es un atraco a mano armada, se justifica con que ese dinero que se detrae de los trabajadores va a servir para la creación de empleo.

A esa imagen de las bolsas se reducen todas y cada una de las reformas laborales que hemos sufrido en nuestro país. La reducción de las condiciones de trabajo, la reducción de las indemnizaciones y la facilidad en el despido son elementos cuantificables, obligaciones económicas que se tienen o se dejan de tener. Y van ya unas pocas de reformas. Será esta la última? Evidentemente no.

Cuando se forjó esta Europa de los mercaderes y los especuladores a principios de los años 90 en Maastrich, anunciamos desde IU que entrábamos en la política del ajuste permanente que es la dinámica endiablada del beneficio y el mercado campando a sus anchas.

Dentro de esa situación permanente de ajustes y reajustes los hay de mas o menos calado y esta ha sido de las gordas. Sin duda están obligados por una crisis que ellos mismos han generado. Cuando pase esta vendrá otra mas modesta o no. Ya veremos las circunstancias que nos encontramos porque las noticias no son muy halagüeñas. Nos encontramos pues a estas alturas con una evidencia cierta, el poder financiero es el que marca las formas, los contenidos y hasta los ritmos, y se los marca a todos desde Zapatero a Merkel pasando por Zarkosi y Belusconi.

Todo esto venia para argumentar y testimoniar que no es la primera vez que meten la mano en el bolsillo de los trabajadores y que la volverán a meter. Desde esa óptica debe mirar la clase trabajadora la situación actual, desde ahí se deben escuchar los llamados al sacrificio y al esfuerzo siempre de los mismos. Esto no tiene fin, son insaciables.

Nos piden sacrificios con promesas que nunca se cumplen y pasado un tiempo nos vuelven a pedir sacrificio y nos prometen que servirá para crear empleo. Y dentro de poco vendrán para decir que no ha sido suficiente, que hay que apretar un poco más. Hasta cuándo, mejor dicho hasta cuánto se puede apretar a las familias trabajadoras?

El segundo paquete de medidas va a pasar por un segundo plano cuando es el de mayor calado y profundidad. Se trata de la introducción del arbitraje en los convenios colectivos, es decir, puede haber causas que de forma “objetiva” (lo objetividad del que tiene que decidir si es objetiva o no) justifique el incumplimiento del convenio colectivo por parte de la empresa.

El convenio colectivo en esta circunstancia puede tener carácter vinculante o no en función de las necesidades de la empresa en un momento determinado, imaginamos que desde magistratura se arbitrará para decidir, ojo a la expresión, decidir si un convenio tiene carácter vinculante o no.

Esto es un ataque brutal a los trabajadores como tales, a lo que han ido conformando generaciones y generaciones de familias trabajadoras y que lo consiguieron plasmar en la Constitución Española de 1978 que en esto, como en otras muchas cosas, se pisotea y se ningunea.

Articulo 37.1 Constitución española de 1978: “La Ley garantizará el derecho a la negociación colectiva laboral entre los representantes de los trabajadores y empresarios, así como la fuerza vinculante de los convenios.”

Los convenios pierden su derecho constitucional, sin peros ni excepciones, de ser vinculantes.

Nadie va a plantear un recurso de constitucionalidad? Esto es lo que dice la constitución sobre esta cuestión

Artículo 162.

1. Están legitimados:

a. Para interponer el recurso de inconstitucionalidad, el Presidente del Gobierno, el Defensor del Pueblo, cincuenta Diputados, cincuenta Senadores, los órganos colegiados ejecutivos de las Comunidades Autónomas y, en su caso, las Asambleas de las mismas.

b. Para interponer el recurso de amparo, toda persona natural o jurídica que invoque un interés legítimo, así como el Defensor del Pueblo y el Ministerio Fiscal.

2. En los demás casos, la ley orgánica determinará las personas y órganos legitimados.

Cualquier persona que vea que se le conculcan derechos fundamentales que recoge la propia Constitución puede interponer un “recurso de amparo” ante el Tribunal.

Por último seria de especial interés seguir el rastro del dinero, de ese dinero que pasa de unas manos a otras. ¿Dónde irá a parar? No hay que ser muy avispado para saber que una gran parte va a acabar en las entidades financieras y los bancos que son los que están atosigando a las empresas y los empresarios. Ese va a ser el destino final de gran parte de ese dinero arrancado de los trabajadores, tapar parte del agujero bancario.

Ya están advirtiendo desde los altavoces mediáticos que nadie se espere que se empiece a crear empleo rápidamente. Lo dicen ahora después de llevar meses y meses incendiando la actualidad política graznando con que los crecimientos de las tasas de paro se debían a que no se reformaba el mercado de trabajo. Ahora que se reforma dicen que no se creará trabajo sino que puede empeorar en un primer momento. Están canallamente reconociendo que para lo primero que va a servir esta reforma es para limpiar el mercado de trabajadores con cargas sociales.

Esta reforma no sirve para crear empleo sino para destruirlo, va a empobrecer a importantes capas de la sociedad que ya sufren mas que nadie la subida de impuestos y va a contribuir a expulsar del mercado a millones de personas que van a poder consumir menos y, por lo tanto, se va a retrasar una recuperación económica que necesita de impulsos de la demanda.

Se mete la mano en el bolsillo de los trabajadores para, en el mejor de los casos, disminuir las cargas de las empresas fortaleciendo al capital financiero que es precisamente el que nos ha metido en esta situación de crisis.

Y para colmo lapida la conquista obrera del carácter vinculante de los convenios colectivos que recoge la Constitución Española de 1978. Ni Felipe Gonzalez en sus mejores tiempos, el felipismo ha vuelto y como en aquellos días le está preparando el terreno para que la derecha se sienta cómoda cuando llegue al gobierno.


Enrique Pablo Centella Gómez