martes, 25 de mayo de 2010

15:15 |


JESÚS “EL CRISTO” FUE UN REVOLUCIONARIO


La base política de mi gobierno está formada por marxistas, laicos y cristianos. Y respetamos el pensamiento cristiano cuando ese pensamiento cristiano interpreta el verbo de cristo que echó a los mercaderes del templo. Los Marxistas conjugamos una misma actitud y un mismo lenguaje frente a los problemas esenciales del pueblo porque un obrero sin trabajo, no importa que sea o no sea marxista, no importa que sea o no sea cristiano, no importa que no tenga ideología política, es un hombre que tiene derecho al trabajo...).”

Salvador Allende

Universidad de Guadalajara en México

Diciembre 1972

La magia de las nuevas tecnologías me han permitido topar con un impresionante video-resumen de la intervención que el Presidente Allende pronunció en la Universidad de Guadalajara en Diciembre del 72. Es imposible transmitir en frías letras el verbo y la pasión que Allende transmitía, pero los dos párrafos que he trascrito reflejan la esencia de un revolucionario, mejor dicho, la esencia de todos los procesos revolucionarios que se han producido en la historia de la humanidad que no es otra que el humanismo en el sentido mas amplio y también en el más estricto del término.

Quiero llamar la atención de cómo el Presidente chileno sitúa las necesidades del hombre por encima de cualquier otra cuestión. Sea quien sea y piense como piense, el ser humano tiene derechos universales. Cuestión que comparten, señala Allende, el “pensamiento cristiano” y los marxistas.

Más allá de la fe, que es algo indescriptible, indescifrable e incuantificable, la vida del que llaman “el Cristo” es la de un revolucionario que rechaza la opresión y la pobreza de su pueblo, de todos los pueblos.

Para entender los procesos revolucionarios que se están produciendo en America Latina en estos momentos hay que remontarse décadas atrás y estudiar el impacto sociológico que produjo la teoría de la liberación en el seno de la Iglesia y de cómo esta la reprimió a sangre y fuego. Desde Europa no entendimos bien la profundidad y la fuerza de aquel movimiento.

Es evidente que el sistema se encargó de transmitirnos mediática y culturalmente lo que les interesaba, pero también porque existe un recelo estructural de muchos marxistas hacia las iglesias y porque en concreto la católica en Europa es lo que es y además en esos momentos históricos estaba llamada a luchar en cruzada contra el comunismo ruso. Entre muchos revolucionarios europeos chirría que Hugo Chavez y otros dirigentes revolucionarios hablen de cristo y lo sitúen como ejemplo cuando en sus realidades concretas la Iglesia católica es aquella misma que cristo se encontró, esa que estaba llena de mercaderes y opulentos. Y que además la utilizan para ser mas ricos y dominantes.

La Iglesia Católica tiene secuestrado al Cristo y transforma su compromiso con los pobres en complacencia e irremediabilidad de los males terrenales cuando menos, ya que en otros casos la vemos directamente aliada con aquellos que los producen. Si ese mismo Cristo de entonces se hiciera carne hoy empezaría por donde lo hizo, por limpiar los templos de ricos y explotadores como recordaba el Presidente Allende en Guadalajara.

Despojada de cualquier tipo de interpretación, la vida de Jesús llamados por algunos “de Nazaret” es el relato de un rebelde que quería romper el orden establecido para proclamar el reinado de los pobres, marginados y explotados. Así de simple pero a la vez inmensamente profundo para definir lo que se quiere y con quien se quiere.

La vida de Jesús, “el Cristo”, es el relato de la dedicación desde el ejemplo a una idea que nace de la rebeldía ante la injusticia de un pueblo sometido y explotado por los poderes políticos y religiosos. La vida de Jesús, “el Cristo”, más allá de la fe y las interpretaciones varias, es el relato de la vida de un revolucionario y de uno muy concreto, el que está cerca del pueblo y quiere que acaben sus sufrimientos.

El ejemplo de Jesús, “el Cristo”, nos habla de enfrentarse al poder opresor y cruel, no de esperar sumisamente a mejor vida. Esto lo entendieron y expandieron como nadie aquellos que se reclamaban de la “teología de la liberación” y que fue ahogada como deciamos antes por la iglesia católica incluso a fuego y sangre con ayuda de fuerzas paramilitares.

Se les fue un poco la mano justificará la curia romana pero el objetivo se cumplió, ya ni se oye ni se habla de ella en la sociedad y mucho menos en las Iglesias, pero no cabe duda que mucho de lo que está ocurriendo hoy en América Latina tiene que ver con esa semilla que sembraron aquellos valientes hombres y mujeres seguidoras de Jesús, “el Cristo”.

La vida de Jesús es también el sufrimiento de su madre como reflejo de la bondad más absoluta que es la que encarna el amor de una madre ante un hijo que es vejado, maltratado y asesinado por defender la Justicia y la Igualdad. La vida de María, “la Virgen”, es la vida de las madres que, por millones, ven morir a sus hijos de hambre y sed, pero también el sufrimiento de la madre del Senegalés que decide cruzar el estrecho en patera o la desesperación de una madre palestina cuando ve a su hijo enfrentarse a pedradas frente a un tanque blindado y fuertemente armado.

A partir de ahí, de una experiencia vital concreta y determinada, los textos bíblicos de los Apóstoles donde aparecen párrafos enteros dignos del mayor repudio y la historia de la religión que conocemos hoy en día fruto del triunfo, a sangre y fuego, sobre otros conceptos como la teología de la liberación.

Afirmo que la Iglesia Católica Apostólica de Roma tiene secuestrado al “Cristo” y a su Madre, defiendo la tesis que está al servicio de la opresión, la crueldad, del dinero y los privilegios, justamente aquello por lo que Jesús dio la vida y su madre sufrió duramente. La piedad del Valle de los caídos se viene abajo por las duras inclemencias del tiempo claro, pero también por la tristeza de ver delante de sus narices y las de su hijo fallecido los festejos de los verdugos de hijos como el suyo que provocan en madres como ella idéntico dolor que a ella le destroza las entrañas.

La semana santa refleja cual cuadro expresionista el secuestro de las vidas de Jesús y María. Lo que no es más que la representación del ajusticiamiento injusto de un hombre por defender a los pobres y excluidos, y el inmenso dolor de su madre, se rodea públicamente de una parafernalia que a ellos mismos horrorizarían. O es que acaso alguien duda de que si ella pudiera arrancarse a jirones tanta piedra preciosa y tanto traje ostentoso no lo haría?

Alguien duda de qué haría la Macarena si pudiera desprenderse además del fajín militar del asesino Queipo de Llano? La pobre Virgen vio como tiempo antes su corona era donada por su hermandad para financiar un golpe de estado que provocó una guerra cruenta y una represión posterior donde fueron vilmente asesinadas cientos de miles de personas. Si existe Satanás este general era su discípulo más aventajado.

Qué sentiría la “Señora de Sevilla” al oír el siguiente discurso de aquel a quien ella honra llevando su fajín? “Nuestros valientes legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre?. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen (...)”.

Pobrecita mía, secuestrada, vejada y humillada. Pobrecito “el Cristo” cuando que se ve rodeado en su agonía de fusiles y marchas militares tan parecidas a aquellas que escuchó en su día. Cada año muere, cada año lo matan los mismos y cuando resucita lo esconden de nuevo en el zulo. No se habla del “Cristo” en las misas sino del Jesús de sus secuestradores.

La fuerza revolucionaria del cristianismo es enorme, puede ser enorme si emerge, porque la fuerza de los pobres y excluidos es el motor de la Revolución Marxista y sus necesidades su horizonte a largo, medio y corto plazo.

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